septiembre 28, 2020 Raquel Sanz

Vulnerabilidad: atreverse a arriesgarse

La mayoría de las veces que oigo la palabra vulnerabilidad o sus derivados, suele usarse como sinónimo de debilidad. Yo misma las confundía hasta que por interés personal, empecé a estudiar el verdadero significado de ese “palabro”.

Fue toda una sorpresa descubrir que la vulnerabilidad es incertidumbre, riesgo y exposición emocional.

 Cuando somos vulnerables estamos totalmente expuestos. Estamos inmersos en la incomodidad de la incertidumbre, y estamos asumiendo un gran riesgo emocional.

Bajo esta perspectiva, ¿parece una opción protegernos contra la vulnerabilidad?

Siendo una característica innata y común a todos los seres humanos, nos empeñamos en mostrarnos invulnerables. Nos ponemos una coraza para protegernos.

Vulnerabilidad es, entre otras cosas, pedir ayuda, compartir una opinión que no es popular, publicar algo que has escrito, ser el primero en decir “Te quiero” sin saber si eres correspondido, recibir un ascenso y tener dudas de si vas a estar a la altura, admitir que tienes miedo, pedir perdón, etc.

¿Realmente todo esto suena a debilidad?

Yo diría que es más bien valentía.

Además, se produce un hecho paradójico. Al ver vulnerabilidad en el otro le damos valor, lo admiramos, y sin embargo en nosotros lo interpretamos como incompetencia, y por eso tratamos de ocultarla.

El mayor impedimento para permitirnos la vulnerabilidad, para atrevernos a arriesgarnos, es la vergüenza a lo que puedan pensar de nosotros. El miedo a equivocarnos, a no gustar, a no ser aceptados, nos impide asumir riesgos y mostrarnos tal como somos. Si eres bueno en vergüenza, seguramente eres malo en vulnerabilidad.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra relación con la vulnerabilidad y atrevernos a arriesgarnos?

  • Hacer un viaje desde “¿Qué pensará la gente?” a “Soy suficiente”.

Para hacer este viaje necesitas poner en tu mochila resiliencia a la vergüenza, compasión hacia ti mismo y la aceptación de quién eres, con tus luces y tus sombras.

La vulnerabilidad es compartir nuestros sentimientos y experiencias con las personas que se han ganado nuestra confianza. Este compartir aumenta la conexión, la confianza y el compromiso.

  • Practicar la gratitud

De nuevo se produce una paradoja: ante los momentos de dicha, tenemos miedo de dejarnos llevar, con la esperanza de evitar así el dolor cuando vengan mal dadas. No queremos que el dolor nos pille con la guardia baja.

Sin embargo, esta estrategia resulta fallida, y lo que obtenemos es desconexión emocional con nosotros mismos y con los que nos rodean.

En los momentos de felicidad, de alegría, date permiso para disfrutarlos, para saborearlos, para cultivar la gratitud consciente. Esta práctica aumenta tu resiliencia ante los momentos difíciles y te ayuda a cultivar la esperanza.

Ser perfectos e invulnerables es muy tentador, sin embargo no es posible para los seres humanos. Esperar a serlo para atrevernos a hacer cosas, es una pérdida de tiempo y de oportunidades.

La única opción es abrazar la incertidumbre, asumir riesgos y exponernos emocionalmente, atrevernos e implicarnos en lo que hacemos en cada momento mostrando la mejor versión de nosotros mismos.

 

Bibliografía: Brown, B. El poder de ser vulnerable (2012)