mayo 15, 2020 Raquel Sanz

Los cuatro inconmensurables (II)

Alegría compartida y ecuanimidad

Los cuatro inconmensurables son, según los budistas, cuatro valores universales  innatos a todos los seres humanos, que descubrimos cuando paramos y nos observamos.

Además de la benevolencia y la compasión, los dos inconmensurables que completan la serie son la alegría compartida y la ecuanimidad.

La alegría compartida es el acto de regocijarse en el bienestar de los demás e incluso en el tuyo propio desde la gratitud.

La práctica consciente de la alegría compartida consiste en:

  • Elegir a una persona que normalmente esté alegre, que sea vital, optimista
  • Pensar en ella, en la ligereza y buen humor que transmite
  • Sentir esa alegría, compartirla, deleitarse en ella.

Con el tiempo, puedes hacer extensible la práctica a cualquier momento en el que detectes felicidad a tu alrededor. La práctica es muy sencilla. Consiste  en:

  • Alegrarte cuando ves que otra persona se siente bien, contenta y segura.
  • Sentirte feliz con la felicidad del otro
  • Celebrar los éxitos ajenos y que a los otros les vaya bien.

Deleitarte en la felicidad de los demás es un antídoto contra la envidia, tan dañina cuando se padece. Es una habilidad que se puede entrenar, y al hacerlo obtienes  paz y bienestar, mejorando tu relación contigo mismo y con los demás.

La ecuanimidad o imparcialidad significa comprometernos en tratar a todos los seres por igual. Nuestra tendencia es tratarnos más amablemente a nosotros o a las personas que queremos o nos gustan y peor a los que son diferentes o no nos gustan.

Un ejemplo cotidiano de no ecuanimidad es cuando vamos conduciendo y el coche de delante hace una maniobra incorrecta y nos ponemos furiosos, descalificando al conductor. Cuando nos ponemos a su altura descubrimos que es nuestro amigo Manolo, y decimos con cariño y amabilidad, “Hombre Manolo, ten más cuidado”.

La ecuanimidad contrasta pues con la forma sesgada en que vemos a los demás.

La ecuanimidad se basa en el hecho de que todos somos iguales. Lo que nos iguala es el deseo universal de ser felices y estar libres de sufrimiento.

La ecuanimidad no significa indiferencia o desinterés, está más bien relacionado con la estabilidad de la mente, es decir, es un estado de equilibrio y armonía: nos permite dar una respuesta proporcionada ante las adversidades, ante el elogio o el insulto, la ganancia o la pérdida, lo agradable y lo desagradable.

La ecuanimidad surge al asumir conscientemente que a la larga, todo cambia,  nada permanece. Esto le permite a la persona ecuánime mantener el equilibrio ante circunstancias difíciles o muy favorables.

Esta práctica nos proporciona calma y serenidad, y nos permite estar plenamente presentes en las distintas experiencias que surgen a lo largo de la vida, sin aferrarnos a lo bueno ni rechazando lo malo. Lo que se resiste, persiste. Lo que se acepta se transforma.

En otras palabras, la ecuanimidad es lo que aparece en ausencia de apego o rechazo a una emoción, deseo, situación o persona.

Un ejercicio de práctica consciente de la ecuanimidad a través de la meditación consiste en observar con amabilidad tu emoción, sea cual sea, y aceptarla sin juzgarla, sin ponerle etiquetas de buena o mala, sin tratar de modificarla. Simplemente acogerla sin reaccionar.

A medida que observas con mayor consciencia un estado emocional, verás que este se va liberando de la carga psicológica que le acompaña y se va mostrando como una sensación más.

La clave para desarrollarla está en ser perseverante con la practica, aceptar los cambios que van surgiendo a lo largo de nuestra vida.

La practica de la ecuanimidad nos permite profundizar en la benevolencia, la compasión y la alegría compartida para sentirlas además de hacia nosotros mismos y los seres que queremos, hacia las personas con las que nos cuesta relacionarnos.

Como vimos en el artículo anterior, la práctica de los cuatro inconmensurables nos proporciona paz, bienestar y felicidad más elevados, duraderos y permanentes. Su práctica generalizada en la sociedad facilitaría una convivencia más cooperativa y pacífica.

Artículo relacionado: Los cuatro inconmensurables (I): Benevolencia y compasión.

Bibliografía:

  1. Alan Wallace (2018). Los cuatro inconmensurables
  2. García Campayo y Marcelo Demarso (2015). Mindfulness, curiosidad y aceptación